LA FORMACIÓN DE VALORES A PARTIR DE LA LITERATURA EN ESTUDIANTES DE CULTURA FÍSICA
THE FORMATION OF MORAL VALUES AS FROM THE LITERATURE IN STUDENTS OF PHYSICAL CULTURE
Autores: MSc. Lourdes Utria- Figueroa
Dailys Noguera- Pérez
Universidad de Guantánamo
País. Cuba
RESUMEN
El artículo trata sobre la formación de valores desde una perspectiva literaria. Se parte de un personaje de ficción y su relación con uno de los grandes hombres de estos tiempos: Ernesto Guevara, quien se compara con el Quijote. Se trata el concepto de Quijotismo para valorar cómo el Che puso de manifiesto estas concepciones y su incidencia en los valores de los estudiantes de Cultura Física de la Universidad de Guantánamo. La realización de esta actividad permitió fortalecer la actitud del estudiante ante la vida y su accionar cotidiano.
Palabras clave. Formación de valores, Literatura, Ernesto Guevara, Cultura Física
ABSTRACT
The article has to do with the formation of moral values from a literary perspective. He draws out from a character of fiction and his relation with one of great men of these times: Ernesto Guevara, who you compare with the Quixote. The concept has to do with Quixotism to appraise how the Che brought forth these conceptions and his incidence in the moral values of the students of Physical Culture of Guantánamo's University. The realization of this activity allowed strengthening the attitude of the student in front of life and his triggering quotidian.
Key words. Formation of moral values, Literature, Ernesto Guevara, Physical Culture
INTRODUCCIÓN
La educación existe desde el surgimiento de la historia de la humanidad y su función consiste en trasmitir y educar en cada una de las nuevas generaciones, los conocimientos, habilidades, normas de conducta, las actitudes, emociones y satisfacciones de todo lo que acontece a su alrededor.
En tal sentido el proceso educativo, no puede solo proporcionar información o trasmitir conocimientos, experiencias acerca de los hechos y fenómenos ocurridos en el pasado en el presente, sino preparar a cada uno de los ciudadanos en el “saber hacer” y en el “saber ser”. (Rodríguez, 2002).
Lo expresado anteriormente implica dotarlos de las herramientas necesarias, para poder interactuar con el momento histórico en que le toca vivir y sentir satisfacción y alegría como individualidad, como sujeto protagónico del escenario histórico en que desarrolla su vida.
La educación en valores debe ser entendida en su dimensión integradora, es decir en ella participan todos los sistemas de influencias en el estudiante, facilitándose a través de la dirección curricular, extracurricular y socio-política del Proceso Docente Educativo en la Universidad, cuando este proceso es auténtico cumple la misión dialéctica de instruir formando, razones que obligan a revisar permanentemente cada una de estas direcciones con vista a lograr una coherencia en la estructuración de la misma. (Aragao, (s.f), Gárate y Razo, (1995), García (1996) y González (1999))
No cabe dudas que es en la clase como forma fundamental de organización del trabajo docente donde la educación en valores adquiere una significación estratégica, por cuanto permite poner en contacto al estudiante con el sistema de conocimientos ampliando su concepción del mundo, donde se desarrollan aprendizajes básicos teniendo como vía de consolidación la unidad de la teoría y la práctica y donde a través del vínculo intersubjetivo que se crea se revela el carácter social del aprendizaje, se consolida el estudio independiente e irradia hacia los otros componentes curriculares. (González, 1999; García y León, 2004)
La integración de lo cognitivo y lo afectivo en la formación de valores, lo que viene determinado por la elaboración personal del conocimiento, la atribución de sentido y la reflexión valorativo- emocional en condiciones de interacción, transcurre en la actividad y mediante la actividad y la organización de un Proceso Docente Educativo de tipo participativo y vivencial que facilite la implicación e interacción del estudiante a partir del conocimiento de las necesidades y características individuales y grupales, así como los niveles de desarrollo alcanzados por cada sujeto y por el grupo en general. (García, 1996)
De ahí la necesidad de trabajar la formación de valores desde la literatura y para ello la obra El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha es un material propicio. (Chabás, 1967, Del Río, 1973 y Viñalet et al., 2001). En el programa de Español Comunicativo, que se imparte en Cultura Física, las clases de comprensión textual facilitan este accionar, toda vez que el profesor tiene cierta libertad para seleccionar los textos con qué trabajará y lo hace a partir de las potencialidades que posee.
Por ello, se pretende un acercamiento al mundo creado por Miguel de Cervantes en su obra El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, en la cual se deja de lado un mundo realista para adentrarse en uno irreal, la visión del mundo se trasforma y deja atrás una época medieval, el renacimiento con sus peculiaridades, y se introduce al mundo moderno.
Los seres humanos cuando se enfrentan a una realidad que parece incomprensible optan por refugiarse en un cosmos inexistente, pero lo hacen con cierta dosis de rebeldía ante aquellas cosas que cuesta aceptar y que no se pueden cambiar, Alonso Quijano vive ese momento y al observar esa realidad se evade en los libros de caballería que muestran personajes nobles con características que no veía en su tiempo.
En ella, Cervantes plantea una verdad desde la óptica de la comicidad, al satirizar personajes de la cotidianidad como labradores, mozas, arrieros, galeotes, titiriteros, y toda suerte de personajes dotados de realismo que acompañan las hazañas del héroe. (De Lara, 1980; Aguirre, M., 2001 y Aguirre, J., 2005)
El objetivo del artículo consiste en analizar la formación de valores en la obra de Cervantes como iniciador de la novela moderna, a partir de la relación entre el Caballero de la Triste Figura y el Guerrillero Heroico para fortalecer la concepción humanista de los estudiantes de Cultura Física
Los valores
Los valores en relación con el desarrollo del ser humano, de su educación y formación, de su actuación en la sociedad, pueden entenderse como proyectos ideales que surgen sobre la base de las necesidades y actividad humana, contienen anticipaciones de qué es lo que hay que transformar en la realidad y en el propio hombre.
En el plano individual son los fines que orientan y regulan la actuación humana, por lo que su existencia está condicionada objetiva e históricamente, se forman en el proceso de la actividad humana; desempeñan un significativo papel en la vida y desarrollo del ser humano y constituyen, en el plano social, una poderosa fuerza impulsora del desarrollo social. Báxter (1989, 1999, 2003, 2005); Gárate y, Razo (1995), González (1999), Fabelo (2003), Galindo (2004), entre otros, tratan el tema de los valores en la educación en sentido general.
En realidad se comprenden por un lado como parte de la realidad social, ser constitutivo de la identidad de la nación, esencia profunda de la práctica y el pensamiento de generaciones que han conformado un código de valores que identifica lo mejor de la vida, la historia y la tradición de un pueblo. Y por otro lado, la forma en que se asumen, por los diferentes sujetos sociales, a partir de la manera en se vive, se relaciona con la sociedad y su trayectoria individual.
Surgen asociados a las necesidades e intereses humanos. De ahí su carácter objetivo y condicionamiento histórico-concreto. Por ello su jerarquización y tratamiento dependen del momento histórico en que se vive.
Todo ello requiere de un análisis profundo y riguroso que revele el “contenido humano universal” de los valores frente a lo circunstancial y perecedero, lo que en esencia significa descubrir aquello que no pierde vigencia, que perdura y mantiene validez para el ser humano más allá de los límites epocales.
En esta dirección, resulta trascendental y de una fuerza extraordinaria el Ejemplo Personal en la actuación correcta de directivos y docentes y del resto de los adultos que rodean a los educandos. También influyen en la conducta y la conciencia los hechos y actividades de los grandes hombres y mujeres del pasado y del presente, el análisis y debate de obras literarias, y de películas. Donde puedan analizar minuciosamente las cualidades positivas y negativas de cada uno de los personajes.
Se hace necesario por lo tanto, acercar los ideales y paradigmas a lo que se aspira en los estudiantes, para lograrlo es recomendable, analizar las figuras heroicas en sus rasgos más cercanos a su propia vida y conducta cotidiana. Ello implica relacionar la grandeza de los héroes de ayer en tanto seres humanos, con ejemplos y vivencias que se aprecian a diario en hombres y mujeres, de jóvenes de hoy, cuyo cumplimiento del deber y su forma de actuar los hacen también dignos de imitar.
Potencialidades de la literatura en el fortalecimiento de los valores en estudiantes de Cultura Física
En la carrera Cultura Física la formación de valores se aborda desde todas las asignaturas y Español Comunicativo no es ajena a tal situación, por lo que se aprovechan las potencialidades de la literatura, dígase, tomar en consideración el sistema de valores compartidos en esta carrera: patriotismo e internacionalismo, responsabilidad, honestidad, justicia, laboriosidad, perseverancia, cooperación y ayuda mutua, así como el humanismo, que es en este caso el que se pondera por tratarse del Che, uno de los hombres más humanos de la historia de Cuba. Para ello se parte de la comprensión del texto donde el Quijote define el concepto de Quijotismo y su comparación con el Che como figura histórica y las palabras que emplea en su carta de despedida a Fidel donde se compara con el Quijote, se selecciona este texto por su belleza y por todas las potencialidades que tiene para la comprensión y la formación de valores.
En el tema 3 con 20 horas clases: La comprensión del texto. La lectura como base para la comprensión: palabras claves. Ejercicios de localización de la información. Niveles de comprensión. Recursos unificadores y marcadores discursivos. Estrategias para la comprensión: anticipación e inferencia. Se encuentra el espacio necesario para explotar el contenido literario y la formación de valores al seleccionar el texto o los textos objeto de atención. Así se elaboran actividades que llevan implícita la lectura, el trabajo con las palabras claves y los niveles de comprensión para luego incidir en los valores de los estudiantes, especialmente en el humanismo y el patriotismo.
Precisamente en el estudio profundo de la obra El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha se realiza esta interrogante: ¿qué es el Quijotismo?, en su respuesta se encuentran suficientes razones para trabajar los más altos valores de la sociedad, pues la esencia es que “Quijotismo no es engaño sobre el alcance de las propias fuerzas, aunque ese engaño lo sufriera el Caballero de la Triste Figura; quijotismo no es, tampoco idealización del pasado e intento de mejorar el mundo pretendiendo retornos a él; quijotismo no es locura, aunque loco estuviera el hidalgo manchego; quijotismo es, apartando todos los ramajes que envuelven al protagonista de Cervantes, ser lo que el propio personaje detalla, al marcharse de la casa del Caballero del Verde Gabán: “(…) casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos, y finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el defenderla”.(Cervantes. 2011, p.62)
En la carta de despedida del Guerrillero Heroico, Comandante Ernesto Guevara (Che), a sus padres, al partir a la lucha en tierras bolivianas, se recoge una extraordinaria evocación del Quijote: “Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo. (...) Muchos me dirán aventurero, y lo soy, solo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades”. (Guevara, 1965, p.1)
El Che no podía dejar de interpretar al personaje literario como espíritu justiciero, combativo, incapaz de amilanarse ante ningún obstáculo, y que habría de empuñar las armas siempre que se requiriese la reparación de algún agravio. El humanismo quijotesco, el amor del revolucionario por el hombre, la fe en el ser humano, que guiaron los pasos del Caballero de la Triste Figura por los caminos de España, encarnaron con toda su nobleza en el Comandante Guevara.
Como Don Quijote, cuya norma de conducta incluía arriesgar la vida por la defensa de sus ideales y era hombre de valor a toda prueba -hecho demostrado, incluso, al combatir contra gigantes, no importa que hayan sido molinos-, el Che tampoco era un cazador de aventuras. Ellas surgen en ambos de la pasión redentora. Jamás emprendieron combate alguno por el mero placer del lance. La Dulcinea del Quijote, ese ideal por el cual hay que luchar, era, en el Che, la Revolución de los humildes y de los oprimidos. Solo por el desinterés y la abnegación del verdadero comunista que es capaz de alcanzar tan sublimes alturas.
En mucho, Don Quijote tiene esa misma significación. Y es que estos dos personajes tienen gran relación, en ellos no faltó el espíritu de rebeldía, la palabra, ideas fervientes sumidas en la más fecunda acción que, de alguna manera, bifurcan sus respectivas vidas, dignas de ser contadas. “La libertad Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. (Cervantes, 2011, p.32)
Esta frase de Alonso Quijano puede ser asimilada por lo que deseaba el médico rosarino: “sentirse entusiasmado cuando en algún rincón del mundo se alza una bandera de libertad”. (Anderson, 1997, p.8) Pero las ideas se defienden – afirmaba Nietzsche– y uno ciñó la espada y el otro un fusil. Quizá uno de los puntos más precisos para analizarlos es la locura, no sobre una base existencial, sino más bien en la convicción de creer en cosas impensadas para sus respectivos mundos.
Quijote aspira a un mundo donde las aventuras le sobren y cree ser vencedor en ellas. Pero los otros personajes (como la “doncella del castillo”) contribuyen a despistar la psiquis de un ser errante y ridiculizarlo a tal punto de acongojarse por mínimos desapruebos.
La “locura” en Guevara se trata de una forma de describir la profundidad de su pensamiento en condiciones sumamente desfavorables para la época. Basta con detenerse en sus aventuras por el Congo o las sierras bolivianas. "Aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia" canta Ismael Serrano amén de comprender esa locura como una forma de pelea contra un mundo, o un sistema, que se supone invencible.
Según refieren, el Che sabía que contaba con poca ayuda en la selva boliviana, y sin embargo se lanzó a la ofensiva hasta frustrar su objetivo. Quijote también había sido advertido “por el cura y el barbero” acerca del peligro de salir de la venta a buscar batallas peligrosas, así y todo no hubo caso para ambos, que acreditó su ventura: Morir cuerdo y vivir loco, hemos oído infinitamente la frase “el Che vive” y aún hoy, luego de más de 400 años la escuela enseña la obra de Cervantes.
La muerte no mata, lo que mata es la desmemoria o la negación del pasado. A nadie se le ocurre desprestigiar la novela caballeresca que dio comienzo a la Literatura moderna ni eludir la historia revolucionaria y comprometida de Ernesto Guevara. El Caballero de la Triste Figura resume el final de ambos personajes: un Che arruinado por el asma, el hambre y con una herida de bala en el pie es conducido al lecho de muerte. Cervantes, en el último capítulo escribe: “Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba” (Cervantes, 2011, p.300).
Por otro lado, Quijote reconoce la locura que lo ha llevado a tal delicado estado y ahora es consciente de todo eso. Sancho responde: “la mayor locura que puede hacer un hombre es dejarse morir… el que es vencido hoy será vencedor mañana” (Cervantes, 2011, p.29). El testamento que escribe el ya cuerdo Quijano el Bueno recuerda la carta que el Che le envía a Fidel al renunciar a sus cargos y continuar su lucha para liberar su tierra: “siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución Cubana (…)Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos” (Guevara, 1965, p.1).
Algunos han interpretado la actitud de Cervantes y de sus personajes como intento de evadir la realidad. Este criterio no es compartido. Verdad es que hay gran nostalgia en su obra; exacto es que se advierte en sus páginas notable decepción, y que el sentimiento de soledad es recurrente -muchas veces asociado al motivo de la noche-; cierto que la bondad aparenta estar desvalida. Evidentemente, en Cervantes aparece el rechazo más absoluto a su medio y sus criaturas literarias buscan, afanosamente, otro más amable.
Sin embargo, el insigne escritor no ha pretendido huir de su sociedad, sino denunciar sus males y expresar en su obra el anhelo de verla transformada. La prueba más cabal está de nuevo en Don Quijote, que no es resignada víctima, sino, luchador tenaz contra todo agravio. ¿Que muere cuerdo y deja de luchar? ¿Que combatía con armas anacrónicas y miraba más al pasado que al futuro? Sí, pero ¿no se ha extendido el espíritu quijotesco a Sancho Panza? ¿No ha de ser el fiel escudero continuador de los ideales de su señor?
Además, si bien existe melancolía en Cervantes, y dolor, no se encuentra pesimismo ni amargura. Y si algo sobresale de las páginas escritas por el Manco de Lepanto, es el calor humano, la gran bondad y una infinita ternura.
A juicio de las autoras, aquí radica uno de los supremos valores en la literatura y el pensamiento cervantino, se diría que su esencia. A pesar de que conoce y ha sufrido en su carne los desmanes de una parte de la humanidad encallecida y escarnecedora, implacable con el prójimo, su mensaje resalta por la tolerancia, la comprensión, el perdón y la fe en la dignidad del hombre. Podrán haber pasado las ilusiones heroicas, mas la sensibilidad humana es imperecedera, y en ella se arraiga, por su potencia creadora y justiciera, una vía para que el hombre se salve a sí mismo.
En estas concepciones se encuentra la razón más fuerte para ver que la formación de valores tiene su cauce en la comprensión de la obra literaria y que en el concepto de Quijotismo, en el paradigma del Che, en su comparación con el Quijote está la fuente de la educación en valores de los jóvenes estudiantes de la carrera Cultura Física y de los niños o jóvenes con quienes ellos trabajen una vez graduados.
CONCLUSIONES
La realización del trabajo permitió obtener grandes conocimientos sobre la vida y obra del creador de la novela moderna y gran representante de la Literatura Española; adentrarse en el mundo de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y sus exquisitas aventuras, así como descubrir las potencialidades que tiene para formar a las nuevas generaciones.
La investigación estudia las características de sus principales personajes que son antítesis polares puesto que uno representa lo espiritual y el otro lo material, pero que se necesitan mutuamente, porque separados parecen absurdos, pero juntos representan al verdadero ser humano con sus sueños y aspiraciones.
El educar en valores requiere además penetrar en el mundo interior del sujeto que se educa, trabajar, desarrollar sentimientos de identidad y pertenencia con el medio que les rodea, aprender a defender lo que es suyo y le corresponde.
Por ello, formar patriotas, es una condición indispensable para salvaguardar y mantener la nacionalidad, pero es imposible hacerlo cuando los conocimientos les resultan lejanos, fríos y abstractos. De ahí que en las clases de Español Comunicativo con los estudiantes de Cultura Física se requiera aproximar y humanizar cada figura y hecho histórico a su cotidianidad, para lograr que amen y se sientan identificados con el medio que les rodea, para que más adelante puedan enseñar a sus estudiantes y extender esos sentimientos a los valores históricos de un carácter más abarcador y general, así sucede con la figura del Quijote y el Che, ficción y realidad que se funden para enseñarnos día a día que un mundo mejor es posible.
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Recibido: 12012016
Aprobado: 22042016
Datos de los autores:
Lourdes Utria Figueroa
Licenciada en Educación. Especialidad Español- Literatura.
Máster en Actividad Física en la Comunidad
Profesora Auxiliar
Universidad de Guantánamo
E-mail: lgonzalez@
Dailys Noguera Pérez
Estudiante 1er año
Carrera de Cultura Física
Universidad de Guantánamo |